
LA HISTORIA DE GABRIELA VIEYRA.
Durante aproximadamente veinticinco años trabajé en el ramo judicial. Fui jueza y magistrada federal. Dediqué mi vida entera a la justicia y al estudio. Tuve todos los títulos académicos posibles. Pero un día se detuvo, me arrancaron todo. Lo que había construido durante décadas desapareció. Fueron casi trece meses de estar en una oscuridad interior: Me invadieron todos los sentimientos negativos posibles: coraje, ira, resentimiento, frustración, tristeza, soledad, ansiedad, desesperanza y mucho miedo. Me sentía pérdida, sin rumbo, completamente incomprendida tanto por parte de mis amistades e incluso por mi familia. Era tan grande mi desolación que advertí que necesitaba un lugar de acompañamiento intensivo. No lo encontré.
Lo que hallé fueron espacios enfocados en rehabilitación de adicciones o en el tratamiento de enfermedades mentales severas, aunado a que me parecieron masivos y muy fríos. Sin embargo, busqué toda la ayuda posible que estaba a mi alcance: terapia sicológica, siquiátrica, tanatológica e inclusive holística. Mi proceso de sanación ha sido duro y bastante largo y aun continuó en ello.
De esta experiencia nace Casa Aloha, el refugio que siempre soñé y no encontré en mi proceso de duelo.

LA HISTORIA DE GABRIELA VIEYRA.
Durante aproximadamente veinticinco años trabajé en el ramo judicial. Fui jueza y magistrada federal. Dediqué mi vida entera a la justicia y al estudio. Tuve todos los títulos académicos posibles. Pero un día se detuvo, me arrancaron todo. Lo que había construido durante décadas desapareció. Fueron casi trece meses de estar en una oscuridad interior: Me invadieron todos los sentimientos negativos posibles: coraje, ira, resentimiento, frustración, tristeza, soledad, ansiedad, desesperanza y mucho miedo. Me sentía pérdida, sin rumbo, completamente incomprendida tanto por parte de mis amistades e incluso por mi familia. Era tan grande mi desolación que advertí que necesitaba un lugar de acompañamiento intensivo. No lo encontré.
Lo que hallé fueron espacios enfocados en rehabilitación de adicciones o en el tratamiento de enfermedades mentales severas, aunado a que me parecieron masivos y muy fríos. Sin embargo, busqué toda la ayuda posible que estaba a mi alcance: terapia sicológica, siquiátrica, tanatológica e inclusive holística. Mi proceso de sanación ha sido duro y bastante largo y aun continuó en ello.
De esta experiencia nace Casa Aloha, el refugio que siempre soñé y no encontré en mi proceso de duelo.






